Somos fans de la literatura nórdica, y por ende, de sus guiones para TV, los cuales se inspiran -en su mayoría- en escritores contemporáneos de la zona. Recibimos la última edición de la revista Días Nórdicos, y en ella nos cuentan un poco que hacer en Oslo, la capital de Noruega, una de las naciones más felices de la tierra.

Según la periodista Maria Fulxá, hay diez paradas obligadas para hacer en la ciudad cuando vayamos de viaje por la zona.

1. Ekebergparken
Asomado al fiordo, en la colina donde Edvard Munch situó su famoso Grito se extiende ahora un parque escultórico que alberga la colección privada del empresario y filántropo Christian Ringnes (sí, como la cerveza). Piezas de Rodin, Bourgeois, Botero, Hirst, Turrell, Elmgree & Dragset, entre otros, ocupan este bosque fascinante que durante décadas estuvo abandonado. Además de los senderos señalados y de un centro de interpretación, en el parque se ubica el Ekebergrestauranten, en uno de los primeros edificios funcionalistas de la ciudad.

2. Vulkan
En la orilla del río Aker, las antiguas fábricas de ladrillo decimonónicas son ocupadas ahora por centros dedicados al arte: la escuela de diseño Westerdals, la Dansens Hus (Casa de Danza), OCA (Oficina de Arte Contemporáneo) o DOGA (Centro de Diseño y Arquitectura). Además, ejerce de imán el mercado gastronómico de Mathallen, con sus casas para abejas en el tejado diseñadas por el prestigioso estudio noruego Snøhetta. De noche, Blå con su música en directo siempre es una buena idea. A pocos pasos queda el barrio hipster de Grunerløkka, con sus tiendas de segunda mano y restaurantes y donde también se puede visitar el interesante Popsenteret, museo interactivo dedicado a la música popular en el país, que propone un plan óptimo para los amantes de la música.

3. Bygdøy
En ferry o en el autobús 30 llegaremos a esta bucólica península, donde además de emplazarse la granja real, encontramos tres museos dedicados a la historia marítima de Noruega: el del Barco Vikingo, el del Fram –con el que Nansen llegó al Ártico y Amundsen al Polo Sur– y el Kontiki de Thor Heyerdhal. En verano, nada como el ambiente feliz de barbacoa y cerveza en la playa de Paradisbukta durante los días sin límite, ya que son pocas horas en las que se pone el sol. Por cierto, la barbacoa portátil puede adquirirse en cualquier supermercado. Al igual que el pølse med brod(hot dog), indispensable en la dieta noruega.

4. Kvadraturen
Epicentro de la antigua Kristiania, entonces ciudad de la corona danesa, debe su nombre a sus manzanas cuadradas y calles rectilíneas. Muchas cerradas ya al tráfico en beneficio de los viandantes, aquí encontramos el Museo de Arquitectura, tiendas interesantes así como Sentralen, un antiguo banco dedicado hoy a la cultura y con buena mesa frecuentado los fines de semana por familias hipsters. Por las noches, si hay eventos, abre el Golden Bar con sus cócteles deliciosos.

5. Astrup Fearnley Museet
En un impecable edificio del arquitecto italiano Renzo Piano este museo privado de arte contemporáneo es parada indispensable cuando se pasea por Tjuvholmen, la antigua isla de los ladrones. Hasta su rehabilitación, hace una década, aquí sólo había mala vida. Hoy además de sus vistas al fiordo destaca su arquitectura contemporánea, restaurantes (caros en su mayoría) y galerías de arte. Junto al museo hay una pequeña playa salpicada por esculturas contemporáneas. Los chicos de Fuglen (café-bar mítico en el centro de Oslo) se encargan de su restaurante, Vingen Bar, ofreciendo calidad y cultura con unas vistas espectaculares.

6. Den Norske Opera & Ballet
El edificio de mármol firmado por Snøhetta es el icono de este Oslo cultural, inclusivo y moderno que conocemos hoy día. Basado en los valores nórdicos, su acceso es libre. No lo dude si necesita ir al baño; y hágalo aunque no lo necesite: los paneles del gran artista danés Olafur Eliasson lo merecen. No obstante, puede que no haya nada como caminar por su tejado. Desde él se divisa el nuevo Oslo como «ciudad de fiordo», con los nuevos barrios de Bjorvika y su Código de Barras (los edificios más altos de la ciudad), así como Sørenga y su playa urbana.

7. Museo Munch
Antes de que la mayor colección del mundo de Edvard Munch se mude a Lambda, el edificio del estudio español Herreros y Asociados que el próximo año se inaugurará junto a la Ópera, vale la pena acercarse a Tøyen para disfrutar de esta sencilla pero interesante pinacoteca. Además, nunca está de más descubrir este barrio multicultural –donde también queda el Jardín Botánico– que dará mucho que hablar en el futuro gracias a las startups que aquí se congregan.

8. Centro Nobel de la Paz
En el Ayuntamiento de Oslo se entrega cada diciembre el galardón más famoso del mundo, tal y como dejó el sueco Alfred Nobel escrito en su testamento. Siempre es interesante visitar el Ayuntamiento, impactante en su arquitectura, que recoge la historia, cultura y vida laboral noruega, pero también el cercano Centro Nobel de la Paz, en Aker Brygge, donde además de una exposición dedicada al premiado ese año, alberga una retrospectiva sobre todos los galardonados.

9. Casa de la Literatura
Frente a Slotsparken, el parque del Palacio Real, encontramos la Litteraturhuset. Con un calendario cultural abundante, una librería, sala para niños y un buen restaurante es ineludible para los amantes de la cultura. En verano, su terraza (y la del cercano Lorry con sus innumerables cervezas) es uno de los lugares favoritos de los oslenses. A pocos pasos, queda la Kunstnerneshus o Casa de los Artistas, con sus exposiciones y buen ambiente. Y ya en la zona, sólo queda pasarse por el Palacio Real desde donde se vislumbra el Oslo más oficial y elegante.

10. Nationaltheatret
Es discreto –como casi todo en Oslo– pero en la tierra de Henrik Ibsen no podemos dejar de pasar por el Teatro Nacional. La casa-museo del dramaturgo noruego queda también cerca, al igual que el café del Grand Hotel al que acudía cada día a la misma hora. También en esta zona elegante de la capital se emplaza Det Norske Teatret, donde este septiembre se celebra el festival internacional Jon Fosse, uno de los dramaturgos contemporáneos más reconocidos. Por cierto, Nationaltheatret también es una de las paradas de metro más concurridas de la ciudad y su fuente del «Pavo Real», el típico punto de encuentro.

Buen viaje por las tierras felices del mundo! Happy Midnatsol!